Diario LevanteNos parece de primer orden el llamamiento que ha formulado el colegio profesional de los ingenieros valencianos. Una incidencia precisa y de peso sobre la penosa trayectoria de la defensa de la huerta de Valencia. Los ingenieros lo han entendido bien desde su punto de vista y quieren que su protección no quede en un mero enunciado. Nos estamos jugando un patrimonio cultural, histórico, territorial y agrícola como pocos puedan encontrarse en esta sociedad del desarrollo y de progreso desordenado y salvaje. Pocas urbes pueden respirar aún el aire limpio que despiden sus históricos bancales y contemplar de cerca la belleza cuadriculada que se describe. Así lo han entendido los ingenieros, no ya los grupos ecologistas y vecinales que se han movilizado hasta el momento, a los que les parece poco el Plan de Acción Territorial de Protección de la Huerta de Valencia y reclaman la necesidad de reforzar la protección de determinadas zonas, de redes de caminos y acequias dándoles el amparo de su catalogación como Bien de Interés Cultural (BIC).
Y no es una reivindicación idílica ni estética, también se habla en la propuesta de rentabilidad económica de la actividad agrícola, de compensación por cesiones de suelo, de financiación de los contratos de explotación… Será la mejor forma de hacer permanente esta joya irrepetible e inimitable, incluso por encima de la sentencia del TSJ que venía a decir que dadas la extensión, complejidad y suma de intereses se hacía inviable protegerla. Hay fórmulas que ahora se reclaman.
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